Seleccionar página

Sobre Circo Máximo Sports Bar

Nací en Aguascalientes, México, en los años 70, y actualmente estoy felizmente casado con Fabiola, con la que hemos tenido la suerte de criar a tres hijos, José Luis, que vive en México, y Renata y Diego, que viven con nosotros en Oviedo. Mis abuelos, asturianos, fueron como tantos otros emigrantes refugiados de la Guerra Civil en México. Mi padre, José Luis, me inspiró desde muy pequeño la afición por los deportes. En especial el automovilismo, y particularmente la Fórmula 1, de la que me he “amamantado” todo este tiempo.

El “culpable” de todo esto

Desde que tengo uso de razón me he levantado antes de las 7 de la mañana los domingos para ver por televisión en México los grandes premios europeos, y me desvelaba hasta hartas horas de la noche con mi papá para ver los asiáticos. Me encantaban las carreras y me encantaba el espacio que creábamos mi padre y yo solos viendo algo que nos unía. Le daba la oportunidad a él de presumir sus conocimientos, y a mí la de ponerme en sus manos para aprender y querer aún más ese deporte.

Además, siempre que podíamos procurábamos asistir a las carreras de autos que se celebraban en el autódromo de Aguascalientes.

Fabiola aún no comprende cómo es posible que me levante de madrugada, incluso estando de viaje por Asia, y detuviera todo para ver en vivo la retransmisión de una carrera. Probablemente tiene que ver con algo más que la carrera en sí. Quizá que gracias a ello puedo sentir a mi padre más cerca de mí.

Lamentablemente nos dejó de un ataque cardíaco. Recuerdo ese día como si hubiera sido hoy mismo. Tuve que verlo morir en mis brazos, en un almacén Macy´s en Nueva York, nada menos que un 23 de diciembre de 2001 durante el descanso navideño de mis estudios en Cambridge, Massachussets.

Pero prefiero quedarme con los mejores momentos. Como ese pedazo de regalo que mi papá me hizo al llevarme en 1986 al Gran Premio de México de Fórmula 1 en la Ciudad de México.

El día que llegamos al autódromo, el sábado de prácticas libres y calificación, pude ver cuando nos aproximábamos a las tribunas, entre los asientos y escalones, los spoilers de esos vehículos pasando a cientos de kilómetros por hora, produciendo un ensordecedor ruido de explosiones de motor, y dejando a su paso olor a turbosina y hule quemado.

Y yo, sinceramente, no podía pedir otra cosa a la vida… ¡y eso aún no les había visto por completo!

Ese fin de semana fue el mejor que viví al lado de mi padre.

La pasión por la moto

No fue sino hasta 2010 que comenzó mi afición por las motocicletas, que aunque al principio se inspiró en el cursi romanticismo de ahorrar combustible y contaminar menos, pronto descubrí que el manejo de esa máquina me hacía pensar mucho en las exigencias de un vehículo deportivo por el uso del embrague, los cambios de marcha, la conciencia sobre la adherencia de las ruedas al pavimento, y la adrenalina por la velocidad que siempre me ha gustado.

Pronto se convirtió en una afición que no perdonaría un fin de semana sin salir a manejar al menos 300 kilómetros de carreteras sinuosas, y encontrar la manera de hacer viajes de más de 6000 km con amigos que comparten la afición por las dos ruedas. Con ello vino un deporte más que ver, que seguir por televisión y en alguna ocasión, disfrutar en vivo: el MotoGP, que desde entonces tiene en mí a un vehemente seguidor.

Comprendí en ese momento que cuando a los dos años comencé a andar en bici equilibrándome sin las ruedas de seguridad estaba destinado a reencontrarme con la adrenalina que iba más allá de rodear la mesa del comedor de mi madre o los coches en el garaje al inicio de mi vida.

De abogado… pasando por político y empresario ¡a barman!

Fui a la universidad en Aguascalientes, obtuve el título de abogado. Ejercí poco porque mi romanticismo y la época me llevó a participar en política, y por caprichos de la historia pronto me encontré en el gobierno con un partido político que después de ser oposición por más de 60 años llegaba al poder en mi ciudad, luego en mi estado, y al poco en el país entero, ubicándome en lo más alto de los círculos del poder.

Pero la política es como es, y tras algunos desacuerdos con la propuesta política, decidí buscar otras opciones en los Estados Unidos, que después de seis años me han dejado exhausto y estresado por vivir en una economía que no se detiene para ser humana…

Fui becario en la Universidad de Harvard (me becó entre otros, don Lorenzo Servitje Sendra, fundador de Bimbo), tengo una maestría en Administración Pública y otra en Administración de Negocios por la Universidad de Aguascalientes.

A finales de 2014 nos mudamos a San Antonio, Texas, y fue allí donde descubrí mi verdadera vocación. Quería tener un bar que uniera a la gente con el deporte, pero Estados Unidos no parecía un lugar adecuado al no existir gran afición por la Fórmula 1 y Moto GP. Acabé, fíjate tú, invirtiendo en un negocio de chapa y pintura que vendimos poco antes de venir a España.

Y así es como llegamos hasta aquí. A Fabiola y a mí nos encantaba, y en una de esas escapadas para vivir mis orígenes españoles acabamos en Asturias y nos acabamos de enamorar de este país.

Aquí he decidido con el apoyo de mi mujer, que ha estado a mi lado en las mayores locuras de mi vida, arriesgarme de nuevo en una empresa que mezcla mi afición por la hostelería, mi obsesión por el branding que naciera cuando hace más de 30 años leí el libro de la historia de McDonald´s, y mi pasión por los deportes motor. Un híbrido que aspira nacer en la tierra de mis abuelos y que espera servir con orgullo a todos nuestros clientes.

He sido muy afortunado y he recorrido el mundo. Me fascina viajar y he aprendido que la historia se vive, se planea, se detiene y se olvida sentado a la mesa…

¿Nos acompañas en esta aventura?